Un río de pasos detenidos se quiebra en la sala,
Láminas de tiempo atascadas bajo el peso del aire.
El turno es un eco hueco,
un hilo que nadie tira.
Dolientes con miradas de agua,
cuerpos anclados en las sillas inmoviles
La espera lo ocupa todo,
y llena el aire de un silencio tenso.
La angustia es una telaraña que trepa:
tejido de papeles que crujen en vano.
Frente a una sombra detrás del escritorio,
un espíritu rendido en la mañana que apenas inicia
mi voz se quiebra y mis lagrimas ruedan
como piedras en un pozo seco a la espera de una respuesta.
El Desfile de turnos sigue,
y yo me quedo con las manos vacías,
sabiendo que aquí
la esperanza es un lujo
que no todos pueden pagar,
el eco lejano de un nombre
que no ha sido llamado
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