Memoria de amor

                                                                Gloria, a tu fuerza





La conciencia  
no abandonó la casa de inmediato.   
Descalza,  
atravesó los pasillos del tiempo.   

Confundió los nombres de las flores,  
extravió las horas,  
dejó entreabiertas  
las puertas de la memoria.   

Las palabras,  
antes dóciles,  
Comenzaron a mirarlo desde lejos.   

Y él,   
a ratos,   
volvía entero.  

Hombre
Adulto
Habitable:
una claridad breve en la mirada,   
como quien regresa mojado  
de un lugar muy lejano.  

Luego,  
el tiempo doblándose sobre sí mismo  
hasta dejarlo otra vez  
al comienzo de la vida.   

Las manos pequeñas sobre los carritos.  
La risa intacta.  
La alegría simple  
de quien todavía juega  
sin preguntarle nada al mundo.  

Incluso en la niebla,  
la tibieza de una voz cercana,  
la costumbre de una presencia,  
la memoria del amor  
respirando bajito  
entre las sombras.  

Ahora sonríe mirando el aire,  
como si alguien invisible  
lo llamara suavemente desde la luz.  

Y yo me pregunto  
si perder la memoria  
es desaparecer,  
o si al final,  
cuando la mente ya no puede nombrar el mundo,  
el amor continúa grabándolo todo  
y la conciencia,  
por fin tan ligera,  
solo puede quedarse  
en la ternura.

Comentarios